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International Indian Treaty Council CONSEJO INTERNACIONAL DE TRATADOS INDIOS |
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Comisión de Derechos Humanos, 58º Periodo de Sesiones Punto 12(a) del programa provisional, Intergración de los derechos humanos de la Mujer y la perspectiva de genero: violencia contra la mujer Potencia escrita presentada por Consejo Internacional de Tratados Indios –CITI- y Defensoria Maya, organización miembro
Este relato es la vivencia de María Toj, mujer Maya K'iché, originaria del Departamento del Quiché. Ella es el símbolo de lo que ocurre con una mayoría de mujeres mayas y con el pueblo marginado y excluido. Con razón fundamental algunos analistas dicen que en Guatemala se vive un apartheid de hecho, aunque formalmente no está reconocido en la constitución.
Afirma María Toj:
La mujer es trasmisora de la cultura. Ella es la consejera, la cuidadora de los conocimientos medicinales, la guía espiritual. Nuestra ropa es una de las manifestaciones de nuestra identidad maya. La ropa que usamos es la ropa que nos brinda felicidad, trabajo, éxito, fortaleza, dignidad, historia y rebeldía.
En nuestra vestimenta nosotras las mujeres portamos toda a una representación mito-mágica y más aún algunos son tratados de astronomía. Por ejemplo, este güipil que uso, encierra un profundo significado en nuestra cosmovisión. Es hecho en el K’em (un combinación de instrumentos para tejer) por manos ágiles y sabias de mujeres Mayas K’ichés de Siwan Tinamit (pueblo a orillas del Barranco) Chichicastenango.
En este Güipil se dibuja un Sol en el cuello, un símbolo de gran importancia para representar luz y calor. El dador de la vida se coloca ostensiblemente tanto en los trajes de los hombres como en el de las mujeres, a menudo en combinación con un disco que representa a la abuela luna. Podemos interpretar en nuestra vestimenta la existencia del Abuelo Sol y la Abuela Luna como la complementariedad que debemos tener las mujeres y los hombres.
Pero también, es la ropa por la cual se nos discriminan, humillan, desprecian y persiguen muchas veces. Para destruir nuestra cultura se ha prohibido a nuestros hijos utilizar nuestra vestimenta indígena en las escuelas, colegios e institutos, lugares de trabajo, para desculturalizar a nuestros pueblos.
Mi hija que, para graduarse tenía que hacer una práctica contable en alguna empresa privada, y nadie la recibía porque ella siempre lleva puesta su vestimenta indígena. Yo le acompañe a varias empresas para suplicarles que la aceptaran realizar la práctica contable, porque lo que finalmente importaba era que mi hija pusiera en práctica sus conocimientos contables a favor de la empresa y no el vestuario y me amparé en el convenio 169 de la OIT (ratificado por Guatemala). Sin embargo, fue imposible, porque los empresarios decían “si quiere hacer su práctica tiene que cambiar de ropa y si no quédese con su corte y su hija. Finalmente mi hija tuvo que hacer su práctica en una empresa y salir de la casa y la comunidad con su corte y güipil de madrugada y llegar antes que todo el personal a la empresa y cambiarse para ponerse una falda y un blusa y así estuvo 2 meses. Ella me decía que se sentía muy incómoda, avergonzada vestida de ladina, pero en aras de poder accesar al título de nivel medio tuvo que hacer ese enorme sacrificio.
Diferentes anécdotas de racismo en la escuela, en la calle, en la iglesia, en el mercado etc. Un ejemplo concreto que yo y todas las mujeres indígenas vivimos a diarios es la poca atención que recibimos en cualquier entidad gubernamental, en el comercio. De forma despectiva nos tratan de “la maría”, “vos india”, “vos caituda”. También casi no nos atienden y si lo hacen lo hacen de último o nos dicen venga mañana, etc.
Cuando me inscribí en un instituto hace unos años, le dije a la persona que estaba inscribiendo que mi apellido es Toj y el escribió Toc, cuando le dije que escribiera bien mi apellido, de forma despectiva me dijo: “Esta bien así.”
En la escuela o el colegio, a nuestros niñas no les permiten utilizar la vestimenta maya, existen reglamentos internos en los cuales con toda claridad dicen que tienen que ir uniformadas y no utilizar la vestimenta de nuestro pueblo. Ante esa situación y ante la imposibilidad de accesar a un establecimiento educativo la madres mayas tenemos que aceptar y si discutimos nos “si quieren, si no vayan a buscar otro colegio”.
Cuando inscribimos a nuestros hijos e hijas en las registros civiles de las municipalidades tenemos mucha dificultad, primero porque los que atienden casi siempre son ladinos, entonces comunicarnos con ellos es difícil, luego que a veces no quieren inscribir a nuestros hijos con los nombres que nosotras decidimos y resultan poniéndole “Juan, Pedro, María, Juana, Diego” y los apellidos mayas mal escritos.
Hace un año, cuando iba acompañando a mi hijo, quien estaba inscribiendo en el registro civil a mi nieto, resultó que en la partida de nacimiento estaba mal escrito en nombre de mi nieto, porque el se llama Ixbalanqué Juan Manuel Morales Rucuch, y la ladina escribió Ishvalanke Juan Manuel Morales Ruchuc. Entonces le dijimos que ella había escrito mal el nombre y que debía corregir su mal trabajo. En ese momento comenzó a insultarnos y decirnos que eso no tenía mayor importancia que se quedará así. Le reiteramos que el nombre que ella había escrito era de otra persona, porque alteró el nombres y el apellido, y que ella como empleada pública tenía que realizar su trabajo con eficiencia, que nosotros como ciudadanos pagamos nuestros impuestos y por lo consiguiente tenemos los mimos derechos y obligaciones que los ladinos y que por lo consiguiente, los empleados y empleadas públicas tienen que servir a indígenas y no indígenas por igual.
Luego de una larga discusión, la señora volvió a redactar y corregir la partida de nacimiento y cuando no la entregó, se quedó diciendo, “indios abusivos, necios, no tienen educación...”
El racismo deblita la espiritualidad maya, causa poca autoestima. Debilita nuestra identidad.
El racismo también tortura, también mata.
A consecuencia de mi participación en la iglesia católica de mi comunidad Santa Cruz de El Quiché, empecé a tener mayor noción de las desigualdades sociales, la pobreza en que vivimos, la marginación de la mujer maya, la injusta distribución de la tierra, asimismo tuve una formación autodidacta, lo que me permitió ampliar mis conocimientos de la realidad de mi pueblo, la realidad del racismo.
Mi hermano mayor Emeterio Toj, ha sido un gran ejemplo para mí, porque el es una estrella que ha iluminado gran parte de mi existencia. Tuvo que salir de la ciudad donde vivíamos y desplazándose hacia otro departamento. Para esos años ya había secuestrado el 7 de mayo de 1980 a mi hermano Baltazar Toj, quien apareció asesinado el 10 de mayo, el día de madre, esa fue la noticia más terrible que vivimos.
El asesinato de mi hermano Baltazar Toj fue realizado por especialistas del ejército quien en su afán de destruir las luchas campesinas, le secuestraron primero, luego le torturaron y posteriormente ejecutaron frente a una Emisora Local, donde mi hermano Emeterio era locutor.
El 4 de julio de 1981 en la ciudad de Quetzaltenango secuestran a mi hermano Emeterio Toj, cuando en compañía de mi hijo Jorge Morales Toj y mi sobrino Manuel Toj andaban por una calle en dicha ciudad. Mi hermano Emeterio fue víctima de las torturas más fuertes, algo que la Comisión de verdad constató (adjunto el testimonio ilustrado en el Informe Guatemala Memoria del Silencio de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico)
Mi hermano Francisco Toj, a los años 83 y 84, desde su comunidad se opuso a la formación y acciones de la Patrullas de Autodefensa Civil (bandas paramilitares) y en el 15 de agosto del año 1985, cuando llegó al pueblo a vender un quintal de maíz , para llevar algo de sal y verduras de su familia, fue capturado por elementos del ejército y llevado a un cuartel, desde ese día lo hemos buscado y no tenemos nada de información.
Ante toda esa situación no tenia otra alternativa, más que llevarme a mis 4 hijos, algo de ropa y unos cuántos centavos y desplazarnos hacia otro departamento. En esos difíciles años, recuerdo que en una persecución, el ejército lanzó varias bombas y resulté herida por la honda expansiva, producida por la potente explosión. Resulté gravemente herida y como consecuencia quedé sorda. Gracias a Ajaw y a la comunidad pude sobreponerme para seguir viviendo y poder estar con ustedes.
Mi hija Francisca Elizabeth, quien falleció en junio de 1987, a causa de hambre y enfermedad. Tuve que dejarle enterrado en un cerro, en estos días estoy tramitando su exhumación y para enterrarle en un cementerio, para poder visitarle y ponerle sus candelas y pedirle perdón...
Así perdimos a mi sobrinos Mario Manuel Morales Toj y Juan Carlos Toj Zacarías. Seguimos siendo profundamente afectados por ese mismo racismo.
Les digo que nuestros abuelos fueron los que nos enseñaron y nos aconsejaron de que debemos seguir trabajando de diferentes maneras para que el “tiempo de los hombres sabios vuelva a reinar” no solo en Guatemala, sino en toda la humanidad. Hacemos todas las mujeres un llamado a las Naciones Unidad que tome en cuenta esas enseñanzas.
EL RACISMO Y EL DOLOR, SON UNA FUENTE DE RESISTENCIA, DE LUCHA Y COMPROMISO DE NUESTRAS MUJERES POR NUESTROS PUEBLOS.
Muchas Gracias
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